07 enero, 2012

Crítica » Numbers, de Rachel Ward

NUMBERS DE RACHEL WARD
Planeta. Booket.


Desde pequeña, cuando Jem mira a alguien a los ojos, puede ver unos números: la fecha en que esa persona morirá.
Para muchos esto sería un regalo, pero ella lo considera una carga. Este don la convierte en una joven especial y solitaria, hasta que conoce a Spider y su vida cambia por completo.
Paseando un día por Londres con su amigo, Jem presiente que algo malo va a suceder.
Esto desencadenará la huida de los dos jóvenes, no sólo de la justicia, sino también de sí mismos y de su propio destino.
Ambos se convertirán en fugitivos y dejarán atrás la inocencia, al mismo tiempo que descubrirán que lo verdaderamente importante no es el final del viaje.

El libro de Rachel Ward tiene una premisa intrigante que nos lleva a la autorreflexión. Si pudiéramos saber la fecha de nuestra muerte, ¿nos gustaría saberlo? ¿Viviríamos de otra manera si lo supiéramos? La vida está llena de cosas que podemos cambiar y cosas que no podemos, y nuestro carácter se determina en la forma de aceptar las circunstancias. No podemos rehuir vivir, y el amor no es algo que se deba evitar. Numbers es una historia sobre la sociedad, la amistad, el amor y el destino. Desde la primera página, la voz de Jem es franca, captando la atención del lector y su corazón. Es un personaje único, y no sólo por sus habilidades psíquicas sino por su forma de ver la vida. Me encanta su honestidad, sobre todo cuando nos demuestra que la diferencias de clases y las barreras que impiden a menudo a éstas mirarse a los ojos, son altas, pero que en cada uno está la posibilidad de saltarlas. También sentimos su desesperación y el tormento que siente al ver los números en los ojos de las personas.
La parte más importante de la historia para mi fue el conocimiento de Jem del futuro, y lo que decide hacer con el. Y esta realidad me lleva a la pregunta de ¿la gente realmente tiene el control de su vida, o hay algo más grande como el destino?
Numbers me dejó con un buen mensaje. Sí, todos tenemos un número. Al final, todos vamos a morir, es por eso que cada día tiene que ser vivido como un don, y hacerlo al máximo. Por otra parte, los amigos son regalos preciosos y tienen que ser conservados, apreciemos a las personas cuando todavía las tenemos, porque un día se habrán ido. Es una gran historia y estoy ansiosa por ver como Rachel Ward va a continuar la secuela.

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